Siempre he visitado hoteles con todas las instalaciones, pero esta experiencia marcó mi vida. Sin televisión y sin distractores disfruté cada minuto con mis hijos. Jugamos cartas a la luz de un quinqué (aunque si hay luz eléctrica), cerca de la chimenea, nos dieron deliciosas margaritas y palomitas recién hechas. Los anfitriones Diego y Ana son gente buena y amable...
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