Mas que un hotel es un monasterio. No se puede hacer ruido, hay que hablar en voz baja, no se puede nadar en la piscina porque se salpican unos critales cercanos. Los dueños, los menos amistodos que he visto nunca. Estan siempre sentados en una mesa mirando con mala cara. El desayuno practicamente enexistente. El baño, oscuro y tetrico, lleno...
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