Es un hotel con aires rústicos pero de alta calidad. El entorno es casi inmejorable, con el lago Petén Itzá en frente y grandes espacios de terraza y bosque. Las habitaciones tienen lo indispensable, pero son agradables por la luminosidad, especialmente las enfocadas al algo, y todas incluyen balcón privado. El restaurante es una maravilla: un porche de palma enorme...
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