A tres minutos caminando de la Plaza del Obradoiro, en un ambiente familiar y acogedor. El trato de sus dueños es impecable en todos los sentidos. El desayuno es estupendo: pan recien hecho, huevos de granja, entremeses variados, tostadas... la habitación muy acogedora, con vistas a la Catedral, y la ubicación excelente.
