La extraordinaria amabilidad y simpatía del personal no puede compensar, a pesar de sus esfuerzos, el lamentable estado de decrepitud de las instalaciones, el cual, por otra parte, no explica ni justifica de ninguna manera el elevado precio de las habitaciones.
Los crujidos de las venerables maderas del suelo de la habitación imposibilitan desplazarse mínimamente por la misma sin despertar...
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