Nada que ver con el resto de hospederías de Extremadura. Las habitaciones son conventuales. El colchón de la cama tiene un protector de plástico que no para de sonar si te mueves, las sábanas son tan pequeñas, que aunque no quieras, acabas en contacto directo con el plástico. El desayuno es ramplón. ¿Algo bueno? El entorno es tranquilo.
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