Su entrada al paraíso de Hades, esa alfombra cochambrosa que recubre la habitación, puerta con agujeros del tamaño de una maceta, falsos techos, el barreño azul de huevos duros en el desayuno y su personal bilingüe (turco-turk) y amable (nos pararon como si nos hubiésemos colado en ese vertedero reconvertido) hacen de cualquier puente de indigentes un lugar más digno...
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