Hotel pequeño pero con mucho encanto. Sus dueños se desviven por hacerte sentir como en casa, siempre serviciales. La comida buenísima, recomiendo elegir la media pensión. Celine y Lahsen son unos maravillosos anfitriones. Lo único a tener en cuenta es que para llegar al hotel hay unos 300 m de pista, pero que se pueden hacer perfectamente con cualquier coche.
