Nos lo recomendaron en la oficina de información y turismo del propio Lagrasse y ciertamente resultó ser un lugar encantador. El local es pequeño (por lo que conviene reservar). Lo más llamativo es que la cocina es abierta y da al propio salón/comedor. No hay malos olores ya que no hay nada de fritanga, sino horno que bien te abre...
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