Es cierto, el sitio es muy bonito, románitco, con un pianista y luces de lagrimas... pero la comida es muy escasa y las elaboraciones no son tampoco nada del otro mundo. Se especializan en pescado y tampoco no está cocinado de ninguna forma original. Nos pedimos el Turbot (90€) y el Saint Michel (60€). Mucho mejor el pescado de Palamós...
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