El restaurante es muy agradable. La decoración recuerda a un jardín barroco. Los precios son muy ajustados, merece la pena pedir entradas, platos principales, postre, vino y un buen whiski. No sale por más de 30 euros y la calidad y presentación son muy buenos. El servicio también es muy atento. Un descubrimiento en la bella ciudad de Tallin.
