en una casona del siglo XVIII remodelada frente a la plaza de la Catedral. Comimos en uno de los dos salones, con pared de piedra, muy bien ambientado, buen servicio, y la comida muy buena. Gran variedad de platos de carne, pasta, entradas, no tiene parrilla ni los tipicos chivitos uruguayos, como queria nuestra amiga argentina. Platos elaborados y muy...
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