El hotel está bastante bien ubicado, con fácil acceso a pie desde la estación de tren y hacia las atracciones principales. María, la dueña, es muy amable y, si bien sólo habla italiano, se hace entender lo suficiente como para hacer alguna recomendación o explicarte cómo llegar a algún lado, o incluso qué transporte tomar para llegar al aeropuerto. Las habitaciones son pequeñas pero cómodas, y la cama es confortable. La ducha es súper potente. El desayuno no es de lo mejor, pero es adecuado. En nuestro caso, el inconveniente que tuvimos fue que estábamos en planta baja con ventana a la calle, por lo que se escuchaban absolutamente todos los ruidos de afuera, hasta las rueditas de las valijas de la gente que pasaba por la puerta bien temprano a la mañana.Más
- Wi-Fi gratis
- Servicio a la habitación
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